Del silencio insostenible a la crítica feroz
Unas pocas horas bastaron para que Córdoba se convirtiera en la primera provincia en abandonar con suficiente claridad la extendida postura de silencio y neutralidad asumida por casi todas las administraciones del país en torno al interminable conflicto agropecuario, para efectuar –en cambio- desde distintos sectores de poder, profundas críticas a las políticas económicas y sociales del gobierno que encabeza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
El encuentro del gobernador Juan Schiaretti con las cuatro entidades del agro fue apenas la punta del iceberg de un descontento generalizado que con el paso de las horas comenzó a brotar públicamente –y cada vez con mayor intensidad- desde las vísceras de grandes espacios de poder ajenos al sector propiamente político de la provincia, pero ampliamente afectados por un conflicto que no puede ser aún superado, principalmente a causa de la inflexibilidad y contradicciones de un Gobierno nacional que a las claras no entiende que para negociar debe estar dispuesto a ceder.
Tal irrupción de críticas no hizo otra cosa más que erosionar aún más las bases de un Gobierno nacional que, si bien seguirá administrando nuestros destinos sin mayores inconvenientes hasta 2011, deberá gestionar implementando métodos muy distintos a los hasta ahora aplicados.
Luego de que Schiaretti posara para todo el país junto a los principales referentes de la protesta agropecuaria y reclamara al Gobierno nacional una necesaria reducción de las retenciones a las exportaciones de grano, las entidades productivas y comerciales de la provincia aprovecharon el “viento crítico” de cola y se despacharon con durísimos cuestionamientos hacia el modelo kirchnerista, en un mensaje que sin duda habrá calado hondo en la Casa Rosada, sedienta de constante aprobación y reacia a reconocer posturas disidentes. El dato no ocupó mayores espacios en los medios de prensa, tal vez opacado por el conciliador discurso de la presidenta y por el inminente levantamiento del paro –que finalmente no fue-, pero su relevancia es mayúscula puesto que confirma el fin del silencio y de la resignación a guardar bajo llave los puntos de disidencia por temor a represalias.
Críticas al “modelo centralizado”
En forma conjunta, la Unión Industrial de Córdoba (UIC), la Bolsa de Comercio de Córdoba, la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba, y la Federación Comercial de Córdoba (Fedecom), advirtieron que hay gran preocupación en los sectores que representan por el “modelo de gestión centralizado” que predica y ejerce la administración de la presidenta Fernández de Kirchner, acotando y condicionando a otros estamentos del poder, los cuales ven deteriorado el rol que les corresponde. Tal situación, según las entidades, “genera innumerables problemas en la sociedad toda” afectando a las actividades económicas, provocando desconfianza, inseguridad e incertidumbre. A las claras, las críticas exceden al conflicto puntual con el agro.
Los sectores productivos y comerciales de la provincia apuntaron además que defienden la economía de mercado y la intervención “limitada” del Estado en la misma, pero advierten que todo esto debe darse en un marco de calidad institucional, “del que nuestro país hoy carece”. Asimismo dan cuenta de la falta de resultados del modelo de crecimiento implementado en algunos sectores.
En el mismo sentido la Cámara de Industriales Metalúrgicos y Componentes de Córdoba expresó su total apoyo al reclamo agropecuario y respaldó a “todo aquel sector que solicite medidas correctivas” al Gobierno nacional, tendientes al “normal desarrollo de sus actividades”. Luego de advertir que Argentina sufre grandes riesgos de “desindustrialización”, los metalúrgicos instaron al Estado a “salir de la Ley de Emergencia Nacional” después de cinco años de crecimiento ininterrumpido e impulsar una nueva Ley de Coparticipación Federal, medidas que muchos gobernadores desean pero que pocos se animan a plantear a viva voz.
Mucho más que un reclamo agropecuario
Ya no es Juan Schiaretti, ni el Gobierno de la Provincia de Córdoba. Se trata de las principales instituciones productivas de la provincia reclamando necesarios y urgentes cambios. Está claro que a esta altura el reclamo no recae sólo en dar marcha atrás con las conflictivas retenciones móviles sino en reflexionar sobre el modelo de país al que aspiramos y sobre la manera en que nuestros representantes prevén alcanzar tales fines, si es que alguna vez se determinan claramente.
Se trata de llevar a la práctica la prédica de federalismo, abandonando la manipulación mediante amenazas de aquellos que necesitamos de la Caja nacional. Se trata de devolver a cada uno de los Poderes el poder –valga la redundancia- que alguna vez perdieron ante el repetido modelo hiperpresidencialista argentino. Se trata de dialogar y hallar consensos, pero previo a la toma de decisiones unilaterales; se trata de respetar el espíritu de nuestra Constitución nacional y no decidir mediante decretos lo que debe ser debatido en el Parlamento, hoy inocuo. Se trata de dejar crecer, dejar soñar; ofrecer estabilidad, rumbos definidos y sobre todo previsibilidad. Se trata de aprender a ceder, a reconocer errores y a gobernar en pos del crecimiento de un país que no tiene excusas para volver a estancarse.
El conflicto del campo, aún sin definirse, ha quedado en segundo plano ante un reclamo mucho más global en torno al cual se suman sectores que nada tienen que ver con las partes en disputa pero que sufren día a día las consecuencias de la indefinición de políticas de crecimiento concretas y padecen en carne propia la improvisación genética de algunos de nuestros líderes. ¿Será que dilapidaremos esta oportunidad histórica de consolidarnos política y económicamente por la tozudez de unos pocos que parecen haber abandonado las calles para gobernar desde lujosos despachos, ajenos a la realidad?
Pablo Hotton – Diario PUNTAL