El complejo y oscuro panorama de las finanzas provinciales

Los malabarismos que realiza por estas horas el Gobierno provincial para poder hacer pie frente a las crecientes y apremiantes dificultades financieras que atraviesan las arcas locales marcan –lejos del momento culmine de una crisis cuyo origen puede hallarse en casi una década de cuestionables manejos del dinero público- tan sólo el comienzo de una etapa oscura, cuyo futuro es hoy por demás incierto. 

La reciente aprobación legislativa de las resistidas “medidas de emergencia” impulsadas por el gobernador Juan Schiaretti con el objetivo de financiar el resquebrajado sistema económico provincial, paquete que incluye la eximición y elevación de las alícuotas de Ingresos Brutos y la quita de entre el 22 y el 27 por ciento sobre los haberes jubilatorios superiores a los 5 mil pesos -a ser devueltos mediante un bono a ocho años-, parecen ser apenas los primeros pasos, la antesala a movimientos futuros mucho más profundos e impactantes que de seguro terminarán por afectar los bolsillos de los cordobeses y, por ende, a la economía local toda. ¿Se alcanzará en algún momento a las grandes empresas hoy subsidiadas?

Sin la intención de ser apocalípticos, pero realizando una rápida lectura empírica de la situación actual, el “caso cordobés” no puede explicarse sólo en las incorrectas políticas gestadas en los últimos años “puertas adentro” (aunque su aplicación de hecho generó un abultado déficit en las cuentas provinciales), sino que debe hallar también sus causas en los distintos extremos del complejo sistema económico.

Aún más, la crisis financiera cordobesa no puede ser ya resuelta dentro de sus propias fronteras. El tiempo de hacer mea culpa y asumir medidas correctivas “internas” oportunas quedó en el pasado, y las dificultades económicas que comienzan a palparse cada vez con más intensidad en el entramado económico global, nos obligan a apretar los puños con fuerza y aguantar como se pueda. Los tiempos de mayor bonanza fueron desperdiciados por nuestras autoridades provinciales, dejando éstas a Córdoba mucho más debilitada que otras provincias de cara al embate de futuras –o presentes- crisis generales.

De los municipios a la caída de los mercados internacionales

Numerosos municipios y comunas del interior provincial aún no logran recuperarse del fuerte golpe económico que les fue asestado a partir de los más de cuatro meses que duró el conflicto agropecuario. El comercio y la industria ligados a la producción agrícola –en muchas poblaciones principal actividad económica- continúan virtualmente paralizados, produciéndose importantes “recesiones” regionales que terminan por afectar a la economía provincial toda. Las arcas estatales, con los bolsillos ya no tan llenos, no pueden más que tapar pequeños agujeros. La coparticipación provincial se cumple –al menos por ahora-, pero los salvatajes se dificultan. Mientras tanto, las economías regionales continúan debilitándose.

En otra dimensión, la Provincia parece ir un paso por detrás de la cruda realidad financiera que enfrenta, y toma medidas de fuerte impacto social pero de corto plazo; remiendos provisorios que no alcanzan a paliar las crecientes dificultades financieras, o lo hacen sólo de manera provisoria. La suba de los Ingresos Brutos, además de los gravámenes impuestos sobre el juego en ese mismo paquete, inyectarían a las finanzas provinciales unos 800 millones de pesos anuales (sin tener en cuenta el perjuicio que ocasionará la suba de impuestos al sistema productivo y a los bolsillos). Pero aún con la vigencia de esta medida, restaría cubrir un agujero fiscal importante. Paralelamente la inflación crece, los sueldos se ajustan, las partidas de la Nación escasean. ¿No serán insuficientes las medidas impulsadas por Schiaretti? ¿Cuánto tiempo transcurrirá hasta que la Provincia deba “tocar” jubilaciones inferiores o modificar nuevamente los impuestos? ¿Qué tanto de “discriminación” hay desde la Nación hacia la Provincia y qué tanto de “imposibilidad” de afrontar compromisos? ¿Es correcto culpar a la Nación de todos nuestros males?

En otro ámbito, el gasto público nacional aumenta, y su sostenimiento se hace imposible en el corto plazo. Un estudio del Ieral de Fundación Mediterránea indicó semanas atrás que el 17 por ciento del total de gastos del país se va en subsidios, y que las erogaciones corrientes aumentaron un 35 por ciento en el primer trimestre del año. A esto se suman los vencimientos de deuda. Esta semana hubo una corrida de los títulos públicos argentinos, lo que provocó un derrumbe en sus precios, además de un alza en las cifras del riesgo país. La confianza se pierde, la Bolsa cae, la economía se debilita, al mismo tiempo que las autoridades nacionales respaldan las cuestionadas mediciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). La Nación quizás discrimina a Córdoba, como advierte Schiaretti, pero tampoco parece tener recursos suficientes como para no “discriminarla”. En envío de fondos a cuentagotas no parece ser tan sólo un mal cordobés, sino una política de recorte extendida al resto de las jurisdicciones –aunque quizás con más incidencia sobre los gobiernos opositores- a raíz de una situación nacional insostenible.

Pero ante esta realidad, el mundo tampoco nos favorece. En apenas un mes el precio internacional de la soja –una de las principales fuentes de ingresos del país- cayó un 34 por ciento, es decir un tercio de su valor; lo que significó a los productores cordobeses la resignación de unos 200 millones de dólares. Esto, sumado a la importante cantidad de soja retenida en los silos del país a la espera del aumento en los precios, prenden una luz de alerta a las cuentas nacionales dependientes de las exportaciones del agro y, mucho más, a los gobiernos provinciales que necesitan de las remesas de un Estado corto de fondos. ¿Cuál será el destino de la economía cordobesa si el envío de recursos nacionales se dificulta cada día más, tanto por defectuosas políticas internas como por situaciones macroeconómicas?

No es momento de echar culpas ajenas

Córdoba no es una isla; depende de todos los eslabones de una economía nacional resentida y con crecientes dificultades, pero también depende de sí mismo. Es cierto que la interrupción de remesas desde la Nación genera una “hueco” a las arcas locales, pero también es cierto que hasta el funcionario menos hábil reconoce que esta situación comenzará a empeorarse día a día y que tendremos que valernos por nosotros mismos, sin poder mirar hacia otro lado.

Es hora de dejar de mirar hacia arriba, para comenzar a mirar hacia el costado y, sobretodo, hacia abajo. Es hora de reconocer responsabilidades, desmanejos, y avanzar sobre medidas que, aunque antipopulares, prevengan situaciones límites cada vez más cercanas, como la indisponibilidad de fondos para pagar salarios, jubilaciones y deuda. Pero también es necesario diagramar medidas de emergencia para prevenir desbordes en las cuentas municipales, seguramente las más perjudicados por una crisis que, más que en puerta, ya es por demás palpable en todos los niveles.

Pablo Hotton

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