“A la crisis, como mucho, la pueden postergar hasta febrero o marzo”
El economista Jorge Ingaramo advirtió que el sector agropecuario nacional ha decidido volver a la protesta porque su situación no ha mostrado avances desde el surgimiento del conflicto que lo enfrentó durante más de cuatro meses con el Gobierno nacional. Por el contrario, los problemas “de siempre” se están intensificando, sin que se impulsen políticas de fondo desde el Estado.
El ex subsecretario de Economía Agraria advirtió además que el comportamiento de los precios internacionales de las commodities, que han sufrido fuertes bajas en pocas semanas, es aún incierto, aunque admitió que “el mejor momento de Córdoba” en materia agropecuaria “ya pasó”. En ese sentido, Ingaramo apuntó que la provincia perdió cerca del 4,5 por ciento de su PBI por “comercializar tardíamente sus granos”, dejando pasar el momento de mayores precios.
Los productores vuelven a la protesta, ¿ha cambiado algo desde el conflicto agropecuario?
La política de precios del agro y de alimentos es la misma de antes, o sea que sigue habiendo restricciones para exportar, destinadas a bajar los precios internos. La ganadería no tuvo ninguna política de estímulo para que el precio de la carne mejore un poco. En este sentido, ni siquiera cumplimos con el cupo de exportación y estamos perdiendo mercado; se exportó entre abril y junio entre un tercio y la mitad del cupo previsto por el propio Gobierno nacional. Ahora han resuelto prohibir las exportaciones de quesos.
O sea, seguimos como siempre…
Las razones para los reclamos son las mismas de siempre, con la diferencia de que los precios han caído y existe la posibilidad de que sigan cayendo. Si el Euro continúa a 1,46 dólares podemos seguir en esta situación, pero si el dólar se sigue recuperando, el tema puede complicarse mucho.
En definitiva, ¿cómo estamos parados hoy y cómo miramos el corto plazo?
Los precios de las commodities cayeron en promedio ponderado un 24 por ciento desde su pico de fines de junio. A futuro no hay un cálculo exacto de lo que puede ser la siembra para la soja y el maíz; pero todo se complica porque la suba de los costos es evidente.
Se retuvieron miles de toneladas sin comercializar en la provincia…
Ahora se está comercializando, el problema es que no hay mucho interés por parte de la demanda. Hoy, si alguien viene a comprar a la Argentina es porque no tiene otra opción.
¿Los productores se desprenden del grano porque necesitan fondos o porque estiman una mayor caída en los precios de venta?
Las dos cosas. El tema es que así como el productor ahora está apurado por vender, el comprador no tiene tanto apuro por comprar, no están alentados. En Argentina encuentran restricciones para exportar, problemas con los embarques y la intervención de la Aduana.
La baja en los precios internacionales
¿Cómo se explica la abrupta baja en el precio de comercialización de los cultivos?
Se justifica en que la demanda no podía pagar aquellos valores. Desde que se produjo el anuncio de la Reserva Federal de que la economía norteamericana tenía problemas más graves de lo que pensaban, a fines de junio, y que paralelamente el Banco Central europeo subió 0,25 puntos la tasa de referencia, en julio, estos dos factores demostraron que la economía mundial está complicada. En ese marco, la demanda no podía bancar una soja a 600 dólares.
¿Quiere decir que los precios máximos que se alcanzaron eran una ficción?
Eran pura burbuja, a raíz de la inyección de liquidez que siguió a la crisis hipotecaria. Hubo una inyección muy grande de dinero que fue a comprar bienes en un momento en que el consumo de commodities del hemisferio norte dependía mucho de la oferta del hemisferio sur. Este proceso encontró muy poco stock y presionó una suba espectacular.
¿Cuál es el panorama del nivel de precios a futuro?
Hay un problema político muy claro, el cambio en la presidencia de los Estados Unidos, que dificulta la predicción. Hay dos horizontes posibles: el de un barril de petróleo de 100 dólares y un euro a 1,40 dólares, lo que puede generar que los granos bajen hasta un 15 por ciento más. El otro escenario es el de una recuperación mayor del dólar –con el triunfo de Barack Obama, por ejemplo- y la caída del petróleo a 85 dólares –por la salida de Irak, por ejemplo- y un euro a 1,25 respecto del dólar. Si se diera esto podríamos volver a los niveles de mayo de 2007, con una soja FOB de 270 dólares. Si eso ocurriera, los superávits gemelos de La Argentina se destruyen. Ahora todos los economistas se están dando cuenta de que somos soja-dependientes.
¿Qué precios internacionales necesitamos para mínimamente mantener el superávit fiscal?
Para mantener el superávit necesitamos un precio de no menos de 400 dólares FOB. Si se baja a 340 ó 350 dólares, ya estamos pegando un salto a situaciones muy complicadas.
¿Puede salir el país de su economía “soja-dependiente” o resultaría ahora complicado?
Con la estructura de gasto público que se ha armado es muy difícil. Hicieron una estructura con un gasto público de 100 mil millones de dólares al año para una soja de 540 dólares. Ahora, lo único que tiene el Gobierno a favor es que si bajan mucho los precios del petróleo se reduce la necesidad de dar compensaciones fiscales y subsidios para ese rubro.
¿Cuál es el camino que se debería seguir?
Hay que hacer políticas difíciles, como ajustar todas las tarifas de servicios públicos, gas, nafta, etcétera. Toda la matriz energética de la Argentina está construida sobre un barril de 42 dólares, cuando ahora cuesta 112 dólares más flete.
¿Cómo vive toda esta situación nuestra provincia?
Córdoba es la primera provincia maicera y sojera. El mejor momento de Córdoba evidentemente ya pasó. Lo ideal hubiera sido vender el grueso de la cosecha en mayo y junio, momentos en que se guardó cerca del 30 por ciento.
¿Cuánto dinero se perdió, o dejó de ganar?
Por la comercialización tardía de ese 30 por ciento, Córdoba perdió cerca de 700 millones de dólares como mínimo. Si toda la cosecha 2007-2008 se hubiera comercializado a los niveles máximos de precios, la pérdida sería de 2.200 millones de dólares aproximadamente, a valor FOB, o sea sin contar retenciones. En definitiva, si por la venta tardía se perdieron 700 millones de dólares y a eso se le agrega un efecto multiplicador de 1,5 veces, más o menos perdimos el 4,5 por ciento del PBI cordobés.
¿Qué cree que hará el Gobierno nacional?
El Gobierno está muy cerrado y no tiene voluntad de cambio. Está sintiendo, en las finanzas públicas, en el menor superávit externo, en la salida de capitales y la pérdida de paridad de los bonos, todos los síntomas del desaguisado que hizo antes. Ahora el PBI crece menos, no creo que más del 3,5 por ciento a valor anualizado de aquí a fin de año. Se ven signos evidentes, como ser las restricciones fiscales, la caída del superávit, los menores envíos a las provincias, la sub-ejecución de la inversión pública y el pago de una tasa exorbitante (7 a 8 puntos superior a la de Brasil) a Chávez.
¿Con todo esto, se puede decir que la crisis económica argentina es inevitable?
Si actúan rápido, podemos tener un costo de menor actividad, que no es lo mismo que caer en la recesión. Si no actúan rápido y los agarra una caída fuerte del precio de la soja, ahí si que vamos a tener una crisis en serio. Encima, el año que viene hay vencimientos de deuda externa como para el campeonato del mundo. A la crisis, como mucho, la pueden postergar hasta febrero o marzo, pero con remiendos. No se ve que sepan manejar la economía cuando con precios internacionales en baja e ingresos nacionales dramáticamente afectados.
Por Pablo Hotton